Lúa Vermella Una película de Lois Patiño Estreno en salas el 30 de octubre Versión en Galego En un pueblo de la costa gallega el tiempo parece haberse detenido. Todas las personas están paralizadas aunque sus voces se pueden oír: hablan de fantasmas, de brujas, de monstruos. Al lugar llegan tres mujeres buscando al Rubio, un marinero del pueblo que ha desaparecido en el mar.

Próximas Proyecciones

Santiago de Compostela (Ciclo Cinema no Parque – Parque «Eugenio Granell»): jueves 29 de julio

Equipo artístico y técnico

Con ANA MARRA, CARMEN MARTÍNEZ, PILAR RODLOS, RUBIO DE CAMELLE

 

Montaje PABLO GIL RITUERTO, ÓSCAR DE GISPERT, LOIS PATIÑO
Diseño Sonoro JUAN CARLOS BLANCAS
Dirección de Arte JAIONE CAMBORDA
Coproductor IVÁN PATIÑO
Productor ejecutivo FELIPE LAGE CORO

Dirección, guion y dirección de fotografía LOIS PATIÑO

"Hermosa meditación sobre la muerte, el tiempo y las heridas de la perdida"

- Sergi Sánchez (LA RAZÓN)

“Puro estilo lovecraftiano que se sumerge en un mundo al borde de lo sublime”

- Mariona Borrull (EL ANTEPENÚLTIMO MOHICANO)

“Inmersión sonora y visual que Lois Patiño nos ofrenda como acto hipnótico”

- José Luis Losa (LA VOZ DE GALICIA)

"Un estado hipnótico de belleza suprema y mitológica fantasmagoría"

- Carlos Loureda (FOTOGRAMAS)

Notas del director

Lúa vermella se adentra en la Galicia del mar comprendiéndola en su dimensión física e imaginaria, donde realidad y leyenda se funden, y donde el mar y la muerte se entrecruzan con toda su carga mítica y evocadora. Profundizamos así en el universo retratado en mi anterior película Costa da morte.

En Lúa vermella la historia real de O Rubio de Camelle, un buzo que rescató más de 40 cadáveres de náufragos perdidos en el mar, se ve envuelta por los seres que pueblan el imaginario fantástico gallego. Un universo mítico que sigue la estela de autores como el pintor Urbano Lugrís o el escritor Álvaro Cunqueiro, quien escribió la frase, de fuerte influencia para la película: “El océano es un animal que respira dos veces al día”.

En la película transitamos por un limbo: entre vida y muerte, entre imaginario y real. Y es ese aspecto liminar el que me interesaba rescatar de las figuras arquetípicas de la meiga o la Santa Compaña. Figuras que habitan entre ambos universos: se comunican con los muertos o guían hasta el espacio de la muerte.

“Aquí los muertos no se marchan, se quedan con nosotros”, nos dicen en las entrevistas que realizamos para la preparación de la película. Un aspecto destacado de la identidad gallega, como analizó minuciosamente el antropólogo Lisón Tolosana en los años 60, ha sido esta fuerte convivencia entre vivos y muertos. Convivencia no siempre vivida con temor sino muchas veces con la cotidianidad de lo ya naturalizado.

Siento que la idea de un más allá nace de dos necesidades esenciales: mantener cerca a la persona fallecida -que no desaparezca- y dar forma a la incertidumbre tras la muerte -que haya algo-. Las leyendas y creencias surgen para cubrir esos vacíos, esos espacios inciertos que genera la muerte. Desde esta perspectiva de la genealogía de la leyenda como relato que busca dar respuesta a lo inexplicable, creamos aquí una historia alrededor de dos acontecimientos misteriosos: el fenómeno cósmico de la luna roja y la desaparición de los cadáveres de los náufragos en este mar-cementerio.

Y es el proceso del duelo, que la desaparición del cadáver no permite cerrar, o que la presencia del fantasma permite alargar, un aspecto fundamental sobre el que quería reflexionar. La importancia de que exista una despedida, una última comunicación con el muerto, parar cerrar círculos. En Lúa vermella asistimos al proceso de duelo de un pueblo por la desaparición de un vecino en el mar.

En el pueblo donde transcurre nuestra historia todas las personas están paralizadas y ensimismadas. Como en la pintura El Ángelus de Millet, referente importante de la película, las personas no están detenidas de un modo artificial, sino que la inmovilidad parece responder a un momento de recogimiento y meditación o incluso de duelo. Sobre esta quietud introspectiva articulamos el lenguaje de la película. Una forma narrativa que nos permite explorar la naturaleza maleable del tiempo, pasando de su fluir en la naturaleza, a la suspensión temporal de la introspección, o al tiempo mítico -atemporal- de la leyenda.

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